Historiadores descubren que Eduardo Abaroa, en realidad dijo otra cosa.

(Buitter.com en las playas de Antofagasta repitiendo la canción “Recuperemos nuestro Mar”). Ayer, antes de que se procediera a sacar la urna que contenía los restos de nuestros protomártires de la Guerra del Pacífico, el Historiador Omar Calmado, representante del Museo de la Memoria del Pacífico y miembros del Museo de Guerra de las Fuerza Armadas de la Nación procedieron a revisar, nuevamente los restos de Eduardo Abaroa Hidalgo, héroe del Topáter, para poder comprobar su real identidad. Esta medida se la hizo debido a que últimamente el país no cree nada de lo que vienen de sus autoridades debido a bullados y vergonzosos casos que son de conocimiento general.

Los historiadores fueron este martes hasta el Museo de la Basílica de San Francisco y procedieron a abrir la urna que contenía los restos del héroe del Topáter para comprobar si efectivamente estaban ahí y posteriormente hacer un inventario de las cosas que contenía la urna.

Según el informe de la exhumación realizada el 23 de marzo de 1952, fecha en la cual se repatriaron los restos desde un cementerio en Atacama, Chile, hasta su patria Bolivia, se recuperaron los restos óseos de Abaroa, una bandera chilena (no había una boliviana pues a este “capo” lo enterraron con altos honores militares chilenos, por respeto a su bravura), unas balas, su ropa en el momento que fue abatido y curiosamente se pudo encontrar una carta escondida entre el forro de su saco.

El Contenido de la Carta.

Mucho se ha hablado de las últimas palabras de Eduardo Abaroa antes de ser abatido en la defensa del puente del Topáter; la tradición indica que el chileno Villagrán lanzó un grito a Abaroa “Ríndase y le concedo la vida! A lo que el valeroso héroe boliviano respondió con el histórico “¿Rendirme yo?… ¡Qué se rinda su abuela, carajo! Por lo cual fue abatido.

Hasta ahí todos nos tragamos esa historia, pero el contenido de la carta devela mucho más de lo que actualmente entendemos sobre esa ya mítica frase y el por qué de la misma.

Luego de abrir la misma y comprobar su veracidad con la prueba del Carbono14, se leyó la misma en acto notariado y se comprobó que estaba dirigida a su esposa Irene Ribero Pachas.

“Querida Irene:

Quisiera disculparme por haber salido de la casa de nuestros hijos hace unos días, sin decirte nada, sin preguntarte o pedirte permiso, pero el deber de defender lo que es nuestro, de nuestra familia, en principio y de nuestra amada patria finalmente, me llama a la obligación de salir de la casa, aún a riesgo de que te molestes y te enojes y me mandes, como siempre, al carajo.

Quiero decirte que me voy preocupado por la salud de Casimira, tu gentil abuela, quien está enferma y posiblemente no sobreviva al temor y el miedo de saber que estamos siendo invadidos por huestes chilenas enfermas de ambición y odio que sólo quieren lo que es nuestro. Dile a tu abuela que no se rinda, que luche, pues debe aguantar y luchar hasta el final.

Ahora me voy a defender nuestra amada patria Bolivia, espero que los gritos de desesperación de nuestros hermanos que están muriendo lleguen a los oídos emborrachados del poder de Daza, de quien sabemos estuvo festejando su natalicio entre mujeres y alcohol.

Que nuestro sacrificio, amada Irene, no sea en vano, que tarde o temprano nuestros nietos pisen descalzos las playas suyas y recuerden a quienes dieron la vida y se sacrificaron por ellos. Que recuerden los próximos dirigentes que nuestra sangre no debe ser usada para fines egoístas y déspotas y para beneficiarse de las mieles del poder y ambición… qué sepan Irene amada, que ser boliviano es un honor, un privilegio y una gran responsabilidad.

Te dejo amada, me voy a la defensa y nuevamente pido que cuides a nuestros hijos y dile Casimira, la abuela… que no se rinda carajo!

Tuyo.

Eduardo”

Ahora entendemos de dónde viene la famosa frase.

Gloria a nuestros héroes!!!

Share Button