Poltergeist Boliviano. Sujeto muere ayer y al día siguiente cierra sus páginas de Facebook y baja sus fotos

 

(Buitter.com., indignado). Un sujeto, mal nacido posiblemente en la ciudad de La Paz, que falleció “supuestamente” en un accidente de automóvil el día de ayer apareció hoy en espíritu (o estado zombie) para poder, posterior a su velorio y entierro, cerrar su cuenta de Facebook, Twitter y demás y a su vez, eliminar rastros de su presencia en este mundo.
El sujeto, de nombre Ghilmar L., famoso barrabrava del ala radical violenta “La Vieja Escuela” del Club Bolívar, habría fallecido en extrañísimas circunstancias aún no esclarecidas cuando “supuestamente” habría tenido un gravísimo accidente automovilístico que le destrozó totalmente el rostro, eliminó las huellas dentales e incluso las dactilares y eliminó de un zarpazo cualquier huella de su identidad, lo cual impidió que sea reconocido hasta por sus familiares por lo que no sabían si era o no era él, de manera que sólo atinaron a identificarlo por una polera celeste del club de sus amores que llevaba en el momento del supuesto accidente.

Ghilmar L., el segundo muerto/vivo más famoso de Bolivia (el primero y es de lejos el Teniente Clavijo del caso Hanalí Huaycho), luego de haber sido velado y enterrado en un cementerio clandestino de la ciudad de El Alto, se habría levantado de entre los muertos, habría caminado varios kilómetros aterrorizando a la gente y se habría dirigido inmediatamente al café internet “Hacker Jack”en Río Seco, cercano a la carretera La Paz/Copacabana para poder cerrar sus cuentas de Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, Linkedin y Pinterest tras lo cual, según explica a El Buitter.com el administrador del negocio, se habría marchado con destino desconocido amparado en la más lúgubre de las oscuridades que sólo la desamparada gente de El Alto conoce.

Las causas de este extraño comportamiento tipo serie Walking Dead de parte del cadáver de Ghilmar L. Serían obviamente la de borrar todos sus datos, fotografías, comentarios y demás pruebas de su paso por la tierra; esta medida estaría destinada exclusivamente a evitar que las autoridades y la sociedad civil lo identifique en la calle y lo condene a causa de la sangre de un inocente que llevaba en sus manos.

Ghilmar L. habría sido el responsable directo de la trágica muerte de un ciudadano notable, un hombre probo e intachable que en la noche del jueves 7 de julio habría escuchado desde su cercano departamento como este sujeto, Ghilmar L. flagelaba a su esposa en la concurrida plaza Abaroa de la populosa zona de Sopocachi. El notable ciudadano (laico de la Iglesia de las Carmelitas y el Montículo) habría bajado en compañía de su hijo menor para tratar de socorrer a la agredida mujer pero a cambio de su ayuda sólo recibió un ataque brutal por parte de este hombre violento que terminó con la caída de tres metros de altura y un gravísimo traumatismo craneoencefálico que derivó en la muerte 5 días después de este héroe paceño. Su hijo también fue agredido por Ghilmar L.  y fue internado con serias lesiones en el brazo y el rostro.

Inmediatamente después de esa violenta agresión hacia ese notable ciudadano y su hijo (quienes protegían a su agredida esposa) el violento Ghilmar L. se dirigió a entablar una denuncia por asalto al ciudadano heroico y su hijo con la excusa de que éste iracundo animal habría sido asaltado por padre e hijo y que en un acto de “defensa propia” habría matado a su supuesto agresor… toda una absurda excusa que ni la mente más retorcida de Edgar Allan Poe habría tramado en la peor de sus borracheras.

Mientras la Policía y la Fiscalía acudían esa misma noche (diligentes como nunca en la vida) a detener en la misma clínica a los heroicos defensores de su esposa, Ghilmar L. preparaba su nefasta coartada para desaparecer del mapa y así evitar ser condenado a 30 años de cárcel por agresión con muerte. Ghilmar el Violento, aconsejado por un pariente muy cercano que “supuestamente” pertenece al alto mando policial, se fue presuroso a buscar un cadáver más putrefacto que su propia alma, lo compró en El Alto por unas cervezas y algunas monedas y armó en complicidad con la otrora esposa agredida y varios parientes inmorales una coartada perfecta: El también se haría al muerto y sería irreconocible!

Enterado que al teniente Clavijo, asesino de la periodista Hanalí Huaycho, le funcionó perfectamente el truco, Ghilmar L. no dudó en utilizar los mismos métodos para poder “hacerse al muerto” y con ello desaparecer cruzando la frontera más cercana, seguramente Desaguadero, para evaporarse amparado en la cochina oscuridad que lo protegería una vez más de sus nefastas acciones.

Los parientes seguirían el juego, pasaría la voz a los compañeros barrabravas del Club Bolívar para que éstos hagan obituarios a nombre del agresor, armarían un falso velorio con un supuesto muertito y lo enterrarían en algún cementerio clandestino. Como en este país no hay justicia y se la puede manejar a antojo con algunos dólares y mucha influencia de gente de “arriba” (que parece ser el caso de Ghilmar y su pariente Policía), es casi imposible poder determinar si el “supuesto cuerpo” pertenece al violento y de esta manera rehacer su vida en otro país con el alma de un justo a cuestas.

Hasta ahí el plan perfecto, pero el muerto no se dio cuenta (olvidó) que la sociedad civil ya lo había identificado a través de las redes sociales y comenzaba a condenarlo brutalmente por el vil asesinato de forma masiva, por lo que el muerto, cual Lázaro, resucitó de entre los fríos para dirigirse a un café internet y cerrar sus cuentas de las redes sociales y hacer desaparecer todas sus fotos, pruebas de su triste paso por esta tierra.

Esta es la teoría que actualmente se maneja en las esquinas oscuras de El Alto, el nacimiento de la leyenda del muerto viviente, Ghilmar el Violento, triste esperpento de hombre que no contento con agredir brutalmente a una mujer (su esposa) descargó toda su furia contra un ciudadano y su hijo menor que sólo querían proteger a la indefensa (que hoy por hoy es cómplice de asesinato y testigo clave del asesinato y evaporamiento del zombie).

No se descarta otra teoría, un poco más descabellada, que segundos antes del grave accidente automovilístico Ghilmar el Violento, habría confesado todas sus contraseñas de sus redes sociales a un transeúnte circunstancial que lo habría socorrido, como una medida de perpetuar su memoria y éste (el transeúnte) habría cerrado las cuentas y bajado las fotos a pedido del muerto. Pero claro esta es otra alocada teoría que sólo incrementa la consternación en una ciudad que ve cómo los ciudadanos notables van siendo atacados violentamente y aquellos vivillos asesinos se escudan en las faldas del poder para tapar sus fechorías. Y hasta el más ingenuo de los bolivianos sabe que de cojudos nadie nos toma y esa teoría de la falsa muerte no se la creeremos ni al teniente Clavijo ni a Ghilmar el Violento.

Buitter.com seguirá muy de cerca estos hechos y no descarta convocar a un espiritista para comprobar la ubicación exacta del “alma” de Ghilmar el Violento para que el Ministro Romero, alguna vez, haga algo bueno y justo en su vida y desenmascare esta bufonesca patraña.

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