Fue al baño, prendió un cigarrillo, se tiró un pedo y voló medio barrio

(Buitter.com, desde Bomberos de la Sucre). Aún el Departamento de Bomberos no sale de su asombro; luego de que sus peritos finalizaron la inspección de la casa ubicada en la Zona los Nuevos Rosales, esquina Patria Nueva, determinaron que la explosión del domicilio de Rogelio Abnegado Sinaguas se debió a un mortífero coctel explosivo que involucró una diarrea, un cigarrillo, un gas intestinal y gasolina y que acabó con su vida e hizo volar la mitad del barrio.

Los antecedentes.

Poco a poco se va conociendo el origen de los ingredientes del coctel mortal; se sabe que Abnegado Sinaguas, paceño, de 68 años, casado, padre de 3, jubilado de Impuestos Internos, era un fumador empedernido que se fumaba casi una cajetilla de cigarrillos diariamente. Su viuda, Aguamarina de Sinaguas, contó a el Buitter.com que Abnegado se levantaba, la besaba, se duchaba y prendía su primer pucho y así todo el día, siguiendo una rutina casi religiosa de prendidas de pucho antes y después de sus actividades diarias, mismas que involucraban su visita sagrada al baño matrimonial pues siempre andaba medio suelto de la panza, exclamó su lacrimógena viuda.

Se sabe que Abnegado Sinaguas vivía en la zona 3 de racionamiento de agua, misma que sufría cortes prolongados de agua y por lo cual, obligaba al ahora difunto a hacer inmensas filas para poder recibir el líquido elemento en bidones y baldes que las cisternas les dotaban a los vecinos de su barrio cuando a éstas les daba la gana.

El trágico día.

Los investigadores forenses del Instituto de Identificación Forense, IDIF, determinaron que una sucesión de hechos infortunados se alinearon ese día para complotar contra la vida de Abnegado Sinaguas; una especia de Final Destiny criollo confabuló para hacerlo volar por más de 300 metros del baño de su vivienda y encontrarlo en el Molle de la plaza de su barrio querido.

Abnegado había almorzado ese día un asado con papas a la duquesa y una ensalada César, verduras que su señora había lavado con las aguas turbias y contaminadas que los cisternas le dotaban al barrio cuando les daba la gana, irrespetando el bufonesco cronograma transcrito por un pasante de EPSAS.

Se sentía mal por el cólico y la indisposición pero cuando escuchó a los vecinos gritar “Viene la Cisterna!” no tuvo más remedio que tragarse el malestar para poder ir, nuevamente, a hacer fila para recibir agua. Para sorpresa suya ese trágico día los camiones cisternas que llegaron a su barrio eran de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, YPFB, liderados por su mismísimo presidente.

“Otro ardid propagandístico para hacernos creer que este gobierno de mank’a gastos se preocupa por nosotros”, exclamó suavemente Sinaguas mientras se daba cuenta que sus vecinos de fila lo apoyaban en su aseveración y molestia.

Sinaguas rápidamente recibió el líquido y turbio elemento, no le extrañó mucho la suciedad y contaminación que tenía, “lo necesito para mis baños”, volvió a murmurar lacónicamente. Pero esa vez algo le generó más sospechas que de costumbre, era un fétido olor a combustible que el camión cisterna despedía, “pero a lo mejor debe ser del mismo camión” se dijo, sin sospechar que el contenido de su bidón era el generador de ese típico olor a combustible.

Llevó el agua turbia a su casa, vació el contenido en un turril y se dirigió a su sacrosanto baño para poder “baldear” la taza luego de usarla, enjuagó con esa misma agua los residuos de la anterior deposición y apresuró su labor orgánica; los retorcijones del malestar intestinal incrementaron su paso. Se sentó, procedió a evacuar el cuerpo, se preocupó por el aroma a gasolina pero estaba más preocupado por su afán. De pronto el antojó de su habitual puchito de baño lo invadió, sacó el cigarrillo de la cajetilla y lo puso en la boca, levantó el encendedor y en el momento mismo de prender el pucho Rogelio Abnegado Sinaguas, de 68 años, se tiró un pedo estruendoso que generó un efecto detonante por efecto del fuego del encendedor y al contacto con el agua con gasolina que provocó la explosión de la casa y medio barrio, acabando con la vida de este abnegado paceño cuyo único delito fue fumar mientras cagaba.

“Quién es el boludo que mete gasolina al baño y fuma?” preguntó el Capitán de Bomberos, Camilo Cienfuegos, “cómo es posible que tenga baldes de gasolina en su casa”, concluyó lapidando el accionar de Abnegado.

“Así nos dieron las cisternas de YPFB”, declaró un vecino que perdió la mitad de su techo por la explosión.

“Nos dijeron que estaban distribuyendo agua cristalina y que no importaba si antes se usaban las cisternas para acarrear gasolina porque YPFB limpió todo”, igual debemos callarnos y utilizarla; es eso o nada.

“Qué pelotudos estos de YPFB”, maldijo el Capitán de Bomberos, utilizar depósitos de combustible, aparte de ser nocivo para la salud es altamente peligroso.

“Sólo a un imbécil improvisado se le podría ocurrir semejante estupidez”, lapidó Cienfuegos.

Y bueno, levantó sus cansados hombros la viuda de Abnegado Sinaguas, “desde hace años se vienen haciendo la burla de nosotros sin que hagamos nada; que nos den agua turbia, contaminada y hasta con residuos de gasolina no debe extrañarnos en un proceso de cambio que va de mal a peor y no tiene esperanzas de mejorar”, finalizó la mujer.

“Con razón este presidente inútil dijo que estemos preparados para lo peor… 4 años más del MAS… eso es lo peor” gritó Aguamarina de Sinaguas, mientras corría a traer varios baldes para seguir mendigando agua de la cisterna.

El máximo de YPFB, al mando de un Camión de Gasolina que repartía agua para consumo inhumano.
El máximo de YPFB, al mando de un Camión de Gasolina que repartía Agua para consumo inhumano. Dicen que han lavado bien los camiones y que puede tomar perfectamente… dicen.

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